EL COMECARAS
Aquel día salió el sol entre los edificios, como siempre, pero para el comecaras (lo llamamos así a partir de esa tarde) marcó su vida como el fuego a la res de un ganadero.
Recuerdo que éramos pequeños, o quizá no tanto, casi
adolescentes, sí, eso es. En Valencia, cuando llegaban las Fallas, en los barrios
se desataban pequeñas guerras, con munición de verdad (en aquella época la
vendían en todos los kioscos, no hacía falta tener un bunker preventivo en la
trastienda), batallas que había que ganar, por el prestigio y toda esa tontería
que corría por nuestro ego territorial.
Aquella tarde nunca la olvidaría. Aún puedo ver al comecaras (un muchacho algo más mayor y al que solo conocía de vista) de pie en un patio, o puede que en el escaparate de
una tienda, ese detalle baila en mi memoria. Pero lo que sí conserva su frescura, y
que todavía me pone los pelos de punta, es lo que sucedió a continuación.
Un grupo de cuatro
chicos, nunca los había visto, iba en procesión lanzando petardos de los que si
te explotan en la mano ya puedes correr y encargar una prótesis para el resto
de tu vida. La calle estaba concurrida, pero no tenían reparo en tirarlos al
azar en cualquier dirección. Nosotros nos apartamos, al igual que el resto de
la gente, pero el comecaras no se
movió de su sitio, a lo mejor no tenía miedo, o puede que no quisiera dejarse
intimidar.
Uno de ellos explotó a pocos metros de él. El
estruendo fue ensordecedor. Quien lo había lanzado reía, desagradable y burlonamente.
Cogió otro de una bolsa, prendió fuego a la mecha y lo volvió a lanzar en su
dirección, apurando la mecha casi al límite, una auténtica imprudencia que bajo
mi punto de vista hubiera sido mejor perder la mano que lo que le esperaba en
los siguientes horribles minutos. El petardo explotó en el aire, muy cerca de
la cabeza del comecaras. La explosión,
aparte de que debió dejarlo sordo momentáneamente, también debió romper alguna
conexión de su mente, sin duda, la que separa la locura de la cordura.
Corrió hacia el muchacho, y aquel, al verlo, trató
de huir. Parecía hábil y hacía precisos quiebros que por un momento pensé que
lograrían hacerle escapar de él. En uno de ellos, la mano del comecaras rozó la chaqueta, tan solo con
la punta de los dedos, pero la rabia y la ira que lo poseían (lo vi en sus
ojos, ese destello inconfundible) le dieron el impulso suficiente para alargar el brazo y cogerle por la
chaqueta.
En ese preciso instante fue cuando comenzó el
horror.
La rabia y la ira también te proporcionan una fuerza
antinatural, como si de pronto hubiesen diez hombres dentro de ti. Lo sé por
experiencia, y eso fue lo que debió motivar que el comecaras cogiese la cabeza de ese muchacho y la manejase con tanta
soltura como a una calabaza.
No sé cómo aquel impulso
se adueñó de mí. La explosión todavía retumbaba en mi cabeza, y creo que solo
quería hacerle pagar por ello. Mordisqueé sus mejillas, su nariz, sus labios.
Debía de gritar, pero no lo oía. Solo miraba su cara carcomida y ensangrentada,
y pensaba que todavía no era suficiente, que tenía que seguir mordiendo hasta
que el daño fuera irreparable. Sentí su carne triturada entre mis labios, un
sabor cobrizo que no me detenía, la escupía y volvía a por más.
La rabia me cegó. Cuando
alguien me separó y recuperé la cordura, fue cuando me arrepentí. Solo en ese
momento. Hasta entonces, sentí como si un demonio hubiese tomado el control de
mi cuerpo.
A veces, lo veo por el barrio, en soledad. Comecaras le llamamos, pero nadie se
atreve a pronunciarlo en voz alta cerca de él. Nunca se sabe.
FIN

¡Qué bueno e inquietante, Diego! Conviene mantenerse a una distancia prudencial del 'comecaras' ;))
ResponderEliminarSaludos.
Gracias Miriam! En la pesadilla ha sido mucho peor, jajaja
ResponderEliminarMadre de Dios!!! Que asco!! Pobre chaval... Si, vale, un poco idiota por lanzar así los petardos, pero de ahí que te coman la cara (literalmente) puaaajjjjjjj
ResponderEliminarMuy de tu estilo ^^ Me encanta!
Un abrazo Diego! Y gracias por este regalito jiji Ciao!
Madre de Dios!!! Que asco!! Pobre chaval... Si, vale, un poco idiota por lanzar así los petardos, pero de ahí que te coman la cara (literalmente) puaaajjjjjjj
ResponderEliminarMuy de tu estilo ^^ Me encanta!
Un abrazo Diego! Y gracias por este regalito jiji Ciao!
Gracias Carmen! Me alegro de que te haya gustado!
ResponderEliminar